Pop, copla, bolero, tango
Pop, copla, bolero y tango comparecen como mundos musicales completos, no como márgenes menores del canon. Voz, memoria popular, cuerpo y circulación afectiva permiten escucharlos desde su potencia propia y desde las formas de vida que convocan. Antes de entrar en ese territorio vale la pena suspender, siquiera por un momento, el marco heredado desde el que solemos pensar la historia musical del siglo XX. La historiografía oficial de la «música clásica» ha tendido a identificar ese siglo casi exclusivamente con sus desarrollos académicos, con sus vanguardias formales, con sus rupturas técnicas y con la progresiva autonomización del material sonoro. En ese relato, todo aquello que no participa de esa genealogía aparece como exterior, secundario o simplemente inexistente desde el punto de vista histórico. Sin embargo, esa omisión es el resultado de una definición previa de lo que merece ser llamado música y de quién tiene derecho a escribir su historia, no un descuido, como llevo apunta...