Hilar en el aire. Trovar, improvisar, murmurar
Trovar, improvisar y murmurar nombran tres profundidades de un solo acto, el modo en que un ser humano hace comparecer su mundo cantándolo sin red. Este ensayo recorre un atlas mundial de la poesía y la música improvisadas, del aedo griego al bertsolari vasco, del zéjel andalusí al repentista cubano, para sostener una tesis incómoda, que la improvisación no es un adorno del arte sino su raíz, y que la música llamada culta es, en ese linaje, la anomalía y no la norma. I. El hombre de la era Hay un hombre de pie en una era de trillar, o en una plaza con plátanos viejos, o en un patio al que se asoman los vecinos con las sillas sacadas de la cocina. No tiene papel. No tiene atril. Alguien acaba de gritarle un tema, la sequía, una boda, la muerte de un amigo, la soberbia del rival que espera su turno al otro lado del corro, y el hombre respira, baja un instante la mirada, tantea el aire con la mano como quien busca el pomo de una puerta en la oscuridad, y empieza a cantar versos que nad...