Enseñar es seguir cantando
Un argumento contra las cuatro categorías del gremio musical, intérprete, compositor, musicólogo e improvisador, y a favor de una sola palabra capaz de nombrar a quien hace música mientras vive, músico. Una defensa de la emoción como centro de ese cantar sin cesar. El gremio de la música clásica se ha dado a sí mismo cuatro nombres para describir lo que hace, intérprete, compositor, musicólogo, improvisador, y con esos cuatro nombres cree haber agotado el territorio. Quiero defender aquí que esas cuatro categorías no describen nada, que fueron levantadas, sin que nadie lo planeara del todo, contra el centro mismo de hacer música. Ese centro tiene un nombre que hoy carga con muy mala fama filosófica, la emoción, una palabra devaluada por una historia muy concreta, no por una debilidad propia, y a la que pienso devolverle su peso exacto, con etimología, con genealogía, con los pensadores más exigentes que la han sostenido, antes de apoyar en ella un solo argumento, para que nadie confund...