... mi Valencia: luces y sombras ...
MI VALENCIA: LUCES Y SOMBRAS. Pensar el lugar es pensar el límite de la voluntad . Uno cree elegir una ciudad como elige un abrigo, por talla, por gusto, por clima, y descubre al poco que el abrigo también elige la postura del cuerpo, la manera de moverse, hasta la forma de mirar. El lugar no es un escenario neutro, es un interlocutor antiguo, callado, insistente. Se puede discutir con él, se puede amarlo, se puede huir, pero no se le puede negar eficacia. El lugar no nos cuenta quiénes somos, nos lo arranca con paciencia. En este sentido, m orada es una palabra que suena a descanso y, sin embargo, contiene una advertencia. Morar es demorarse, y demorarse es quedar expuesto. La casa protege del frío, pero no protege del modo en que el barrio juzga el silencio, ni del modo en que una calle permite o impide la tristeza. Entre el umbral de la puerta y el umbral de la conciencia circulan fuerzas que no aparecen en los contratos de alquiler...