... en torno a la idea de analogía ...
En mitad de un ensayo antes de un concierto, una cantante me pidió que le bajara la canción un tono. Lo hice sin pensarlo, las manos se desplazaron sobre el teclado como quien cambia de acera sin dejar de caminar, y durante unos segundos ocurrió delante de mí algo que la filosofía ha tardado siglos en formular y que cualquier músico ejecuta antes del desayuno. Ninguna de las notas que ahora sonaban había sonado en la versión anterior. Todas las frecuencias eran otras, otras las teclas, otros los números en que vibraba el aire, y sin embargo nadie en la sala dudó de que seguíamos dentro de la misma canción. Si el inventario físico decidiera lo real, habría que certificar la muerte de una obra y el nacimiento de otra, dos series de hechos acústicos sin una sola coincidencia material entre ellas. Pero el oído sabe que no ha muerto nada. El oído es un guardián extraño, deja escapar las frecuencias y se queda con las distancias (intervalos) que las separaban, retiene la r...